No todos tenemos los mismos “interruptores” que activan el estado de GM, por eso, para poder cambiar, primero has de analizar y reconocer cuales son los tuyos.
Un interruptor es todo aquello (comida, bebida, actitud, etc.) que te provoca salir del modo DM y pasar al de GM.
Algunos ejemplos:
- Sales a comer con amigos. Te tomas tu primer y segundo plato, te quedas bien, sin hambre. Te traen la carta de postres. No lo necesitas, ya no tenías hambre, pero te puede el deseo de comerte un pastel y no te puedes resistir. Ese pastel es tu interruptor, has pasado de controlar la situación a que la situación te controle a ti.
- Llevas semanas con hábitos saludables y un día quedas con tus amigos. No encuentras otra forma de relacionarte que no incluya alcohol, porque «siempre lo hacéis» o porque “lo hacen todos”. Has convertido tu vida social en una excusa para justificarte y puede parecer el interruptor, pero realmente relacionarte no es malo para tu salud, el interruptor es el alcohol, tu deseo de tomar esa copa.
A veces, según tus hábitos, puedes llegar a pensar que tienes infinidad de interruptores. Debes intentar buscar los principales, aquellos que realmente te desencadenan malos hábitos.
Es decir, beber un refresco no es un interruptor si no es hábito. Cuando necesitas beberlos a diario, todas las semanas o cada vez que sales, es cuando se convierte en el interruptor que activa tu modo GM.
A su vez, cuando ves que bebes demasiados refrescos e intentas dejarlos o disminuir la cantidad, empiezas a “compensar esa carencia” con sustitutos: galletas, bollería, etc. El interruptor sigue siendo el refresco pues, aunque podrías pasar sin comer dulces, tu ansiedad por consumir más bebidas azucaradas es la que hace que busques nuevas opciones que calmen tu deseo-adicción y que te produzcan la misma sensación de placer.
En la mayoría de los casos, el interruptor origen de todos los pequeños interruptores es el azúcar. Quizás tengas un modo “preferido” para ingerirlo, pero si lo eliminas, inconscientemente buscarás otros sustitutos que también lo contengan.
Una forma de intentar destruir este peligroso interruptor, es el Reto 66, una herramienta más de Ingeniería de hábitos de la que hablaremos más adelante.
Le siguen muy de cerca las harinas: personas que necesitan pan, pasta, pizza o similares a diario y no me refiero a porciones adecuadas, si no en cantidades excesivas.
El hecho de que prácticamente en cada esquina haya diferentes franquicias de “panaderías” no ayuda mucho a controlar el deseo. Sobre todo si se tiene en cuenta que dentro de estas “panaderías artesanas” hay más bollería que otra cosa, por muy “artesano” que sea su aspecto.
La investigadora Silvia Berciano, ya en 2017, dio a conocer las conclusiones de un estudio según el cual “las variantes genéticas que poseemos, pueden modificar nuestro cerebro de manera que determinan nuestros gustos y hábitos alimentarios”.
Esta puede ser una de las explicaciones de por qué te cuesta tanto cambiar de hábitos. Según su estudio existen genes que te pueden predisponer a querer comer más chocolate, azúcar, grasas, sodio, potasio y magnesio e incluso a que no te gusten las verduras o los alimentos ricos en fibra.
Si es tu caso, bueno, tienes una de las posibles causas que determina tu o tus interruptores. Pero, a pesar de que sepas uno de los motivos y de que puedas necesitar un esfuerzo extra, sigue estando en tus manos la posibilidad de cambiar.
Encontrar tus interruptores, es una de las tareas más importantes, por ello debes dedicar todo el tiempo que necesites hasta lograr elaborar una lista completa y sincera.
Si tienes dudas, a parte de la evidencia de que lo desees continuamente, hazte las siguientes preguntas:
¿Contribuye positivamente a mi salud?
¿Es algo esencial para mi supervivencia?
¿Puedo realmente dejarlo para siempre?
Si la respuesta es NO en todos los casos, debe de estar entre tus objetivos a cambiar.
Por ejemplo, para un vegano la carne no contribuye positivamente a su salud ni es esencial para su supervivencia, pero SI que es capaz de dejarla para siempre.
En cambio, agua es esencial para tu supervivencia mientras que los refrescos no. Si no te ves capaz de eliminarlos para siempre y ante la idea de hacerlo comienzas con tus rutinas de autojustificación (porque beba uno de vez en cuando no va a pasar nada, cuando salga por ahí a ver qué voy a tomar, es que me gustan y no quiero dejar de beberlos, etc.), deben de ir en tu lista.
Ojo, que las RDA no siempre son tan sencillas como las de los ejemplos anteriores. Muchas veces puedes llegar a crear historias tan convincentes, en las que te parece y quieres creer con todas tus fuerzas que no tienes otra opción, que son difíciles de detectar.
No sirve pensar en dejar tus interruptores solo una temporada porque te han entrado las prisas por conseguir tu objetivo de bajar peso. Volverías a caer en el error de “hacer dieta”, es decir, entrar en el círculo vicioso de: ahora lo dejo, luego vuelvo, ahora lo dejo, luego vuelvo…
El interruptor tiene acceso directo a tus “adicciones”, desencadena de forma casi automática el intento de autojustificación mediante las RDA para así poder “acercar posiciones” entre lo que sabes que es una mejor elección y lo que quieres/necesitas para calmar tu ansia y tu deseo por comer o beber algo insano.
Si por ejemplo te apetece pescado no piensas: “venga me lo merezco, por una vez no pasa nada” o “ya dejo de comer pescado el lunes”. Sin embargo, con los interruptores siempre aparecen los “un poco”, “casi nada”, “sólo” …
Seguro que alguna vez tú mismo hayas dicho o hayas oído a alguien cercano decir algo como:
Salí a cenar y me tomé una ensalada, un pescado a la plancha y “solo” una copa o “un poco, casi nada, un trocito… pequeño de pastel”.
Como te explicaré más adelante, los llamados “ambientes obesogénicos” influyen negativamente en el control de tus interruptores, ya que podríamos definirlos de forma resumida como “ambientes llenos de tentaciones”.
Debido a esta relación tan estrecha, entre interruptor y ambiente obesogénico, es necesario que identifiques estas situaciones y sepas con antelación qué harás.
De esta forma no actuarás según tu primer impulso, esa antigua rutina que generalmente es un mal hábito. Para tener lista y automatizar tu nueva forma de actuar, en Ingeniería de hábitos utilizamos la plantilla:
“Prepara tu estrategia I: desactiva el modo GM”
Al principio puede que no tengas muy claro cuáles son tus interruptores y también que te lleve algún tiempo encontrar el principal. Lo importante es que identifiques tus malos hábitos para después poder señalar con claridad entre ellos a tu/tus interruptores.
Para ayudarte a hacerlo, entre nuestras herramientas también se encuentra la plantilla:
“Interruptores y malos hábitos”
(Puedes señalar en ella alguno de los ejemplos que te propongo en ella o añadir otros que eches en falta)
Una vez tengas tu lista, marca en rojo o destaca aquellos interruptores o hábitos que tu creas que son más importantes, a los que te costaría más renunciar y que te exigirían un mayor esfuerzo para cambiar: ¡es el primer paso para encontrar tu interruptor principal!